martes, 10 de julio de 2018

EL MIEDO A LA SOLEDAD


A pesar de vivir en un mundo en que la comunicación se ha hecho mucho más fácil gracias a los avances tecnológicos, son muchas personas que se sienten solas. Soledad interna  que puede darse aún estando en compañía de los demás. Es un sentimiento que todos hemos experimentado en algún momento y tiene su origen en las etapas más tempranas de la vida, siendo distinto para cada uno. No existen dos soledades iguales. Al hablar de soledad todos lo hacemos de forma distinta. ¿Qué soledad se teme?

El temor a la soledad no es nada nuevo, existe desde siempre, pero la sociedad actual fomenta el aislamiento y la falta de comunicación dando lugar a nuevas soledades porque se nos ha enseñado a consumir y no a relacionaros con los demás. La relación con el otro se vive considerándolo, en la mayoría de la ocasiones, como un objeto útil para calmar nuestro sentimiento de soledad. Se ama por necesidad y con miedo a ser abandonado. Y este miedo a quedarse solo es lo que muchas veces mantiene unidas a las parejas.

La capacidad de poder  estar solo se adquiere en la infancia. En los primeros meses de vida el apego del niño a la madre, o a su sustituto es fundamental para su supervivencia. El niño tiene que tener la seguridad de que va a recibir satisfacción a sus necesidades biológicas en el momento adecuado y además ha de sentir que es deseado lo que consigue gracias al cuidado cariñoso, al amor, a las palabras, a las caricias de la madre.  El niño que se siente seguro de la disponibilidad de su madre sentirá ganas de explorar su entorno, de acercarse a otros niños. Y esto no quiere decir que la madre tenga que estar siempre presente sino que ésta también ha de  ausentarse. Es de esta forma que el niño podrá soportar la soledad sin angustia. De este aprendizaje va a depender cómo nos enfrentaremos a la soledad en nuestra vida adulta. El amor necesita distancia.
Es en la infancia donde debemos adquirir la capacidad de estar solos. Los momentos de aburrimiento son necesarios para el niño, posibilitan la creatividad, sin embargo muchos padres llenan en tiempo libre de sus hijos con deportes, actividades, televisión. Para que se desarrolle la imaginación del niño es necesario dejarle tiempo y espacio para que pueda aislarse.

Es el abandono, la ausencia del ser amado lo que resulta doloroso, lo que se teme. 

Sentirse amado es necesario para amarse, valorarse, para adquirir una buena autoestima. Sin una buena autoestima la persona depende de los demás para valorarse y  entonces esta relación no se basa en el amor sino en la necesidad. El sentimiento de soledad está relacionado con aislamiento, con el “a nadie el importo”, con el abandono.
Muchas personas se sienten culpables por estar solas: “nadie me soporta porque no soy como tengo que ser”.

Vivimos en una sociedad que confunde soledad y aislamiento y se empeña en combatir la soledad al mismo tiempo que potencia el aislamiento. La norma sigue siendo la pareja y la familia pero en los últimos años ha habido cambios importantes en la constitución de la pareja y la familia.
Debido a la autonomía de las mujeres y su libertad sexual las relaciones con los hombres han cambiado de forma considerable.
El modelo de mujer en el hogar que se sacrifica por el marido y los hijos ya no es aceptado por la mayoría de mujeres. Cada vez más mujeres jóvenes, generalmente diplomadas, con un puesto de responsabilidad, retrasan todo lo posible el momento de comprometerse. Es al acercarse a los 40 años que se deciden a enfrentarse a la elección de tener un hijo o no.
En el pasado la pareja se constituía con el fin de formar una familia. Ahora el amor se ha convertido en la condición indispensable pero la pareja que se construye sólo sobre ese sentimiento es difícil que se mantenga a lo largo del tiempo. Es muy difícil que el enamoramiento dure más a allá de dos o tres años. Muchas veces se trata de un amor de tipo narcisista, difícilmente soporta que el otro atraviese una mala racha y ya no pueda dar aquello que se espera de él por lo que se busca en otra persona. Se busca la satisfacción inmediata y permanente sin intentar resolver los conflictos de otra forma que no sea la ruptura.
Mientras que en el pasado la institución del matrimonio daba una garantía de la perennidad del vínculo, ahora ninguna unión está asegurada para toda la vida.
Los medios de comunicación nos hacen creer que existe la pareja perfecta y esto complica las relaciones entre hombres y mujeres. El otro ha de responder a nuestras expectativas y si no es así no sirve y se busca otra relación. Se espera obtener las ventajas de la relación sin padecer sus sinsabores, se temen las obligaciones que comporta. Sólo en raras ocasiones se reconoce la propia participación y responsabilidad en el fracaso de la pareja porque casi siempre se acusa al otro. Todo es culpa del otro

Nacemos solos y vivimos solos. Nadie puede amar, vivir o sufrir por nosotros. Por mucho que queramos explicar lo que sentimos siempre queda algo que no se puede compartir, que se vive solo por muy acompañado que uno esté, es algo que hay que aceptar. La relación de  pareja estable es la forma más eficaz de hacer frente a la soledad y los cambios vividos en los últimos años en nuestra sociedad no facilitan, sino que complican las relaciones entre unos y otros.

Otro aspecto a tener en cuenta es que actualmente las condiciones de trabajo son fuente de aislamiento y sentimiento de soledad. Sea cual sea el nivel jerárquico siempre existe la inquietud respecto a la estabilidad del propio puesto. Los compañeros de trabajo son más que camaradas rivales porque las continuas amenazas de reducción de plantilla llevan al convencimiento de que sólo se mantendrá en el puesto aquel que sea considerado como más productivo. No hay solidaridad entre colegas por miedo a perder el trabajo.
En las empresas se contrata a los jóvenes y aquellos trabajadores mayores de cincuenta años son arrinconados, aislados.  El envejecimiento se acepta cada vez menos en el mundo laboral. El que no es joven, guapo y competitivo se ve rápidamente excluido. En lo que se refiere al rendimiento es la apariencia, las relaciones lo que cuenta mucho más que la eficacia y la experiencia.

La falta de amigos en el trabajo la compensamos con los amigos del facebook. Los teléfonos móviles, internet facilitan el contacto con el otro y eso tranquiliza respecto al sentimiento de soledad. Lo virtual produce la ilusión de una relación pero aísla porque quita tiempo para las relaciones de la vida real. En internet aunque todo puede ser falso, se vive como real. En la amistad virtual de lo que se trata es de colmar la falta al instante. Pero la amistad se construye con tiempo y por haber compartido experiencias. Además es muy fácil engancharse al chat y dedicarle todo el tiempo libre quitándoselo a las relaciones con la familia, pareja, amigos, al ocio, al trabajo…

Internet también interfiere en lo que tiene que ver con la sexualidad. Lo virtual permite excitarse sin los inconvenientes que ocasiona el cuerpo. En el pasado en el encuentro con el otro primero estaba el cuerpo, una mirada, una postura, una emoción. Ahora hay una rápida intimidad, un rápido intercambio de confidencias y el cuerpo viene después.  Por otro lado, por regla general en los contactos que se consiguen por internet se empieza por la sexualidad y luego, a veces, se pasa a la relación. La liberación sexual ha dado lugar a una disminución del deseo. Al estar todo permitido no hay nada que desear.

Actualmente las relaciones con el otro son relaciones utilitarias. Se utiliza al otro. Si no produce satisfacción se le rechaza. 

En esta sociedad de la competitividad y el consumismo cualquier frustración se intenta aliviar consumiendo. Al menor desfallecimiento se recurre a los ansiolíticos y antidepresivos. La responsabilidad de lo que nos ocurre siempre está en el otro. Las psicoterapias tienen que ser cortas y no deben requerir esfuerzo. Se exigen soluciones rápidas  para el malestar interno.

El hombre es un ser sociable. Necesita del otro, de la relación con el otro para sobrevivir. El amor pone fin a la soledad pero para poder ser amado es necesario poder estar solo lo que implica una buena autoestima, quererse a uno mismo, y es imposible quererse si en los primeros años de vida, en la infancia, no se ha conseguido el convencimiento de ser amado por lo que se es y no en función de lo que de uno se puede obtener.

Aceptar la soledad es dejar de depender de la valoración del otro, asumir la responsabilidad de lo que se es, saber lo que uno vale. Poder estar solo es consecuencia de gustarse lo suficiente como para no depender del otro y no preocuparse de lo que piense evitando así percibirlo  como juez, como rival  y  sí considerarlo como compañero de viaje.
La capacidad de estar solo permite estar en contacto con los más profundos sentimientos propios, desarrollar la creatividad y soportar mejor la pérdida. 

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